domingo, 31 de agosto de 2014

LOS PAGÉS DE CÁDIZ, SUS ORIGENES ECIJANOS


Todo el mundillo de la luthiería sabe por José Luis Romanillos y Marian Harris que la historia de los famosísimos “Pagés de Cádiz” realmente comenzó en mi pueblo, en Écija, con el guitarrero Juan Pagés García. Personalmente, tuve noticias de la presencia de Romanillos y de sus indagaciones en nuestros padrones de vecindario a finales de los 90, porque me habló de ello la archivera municipal. Al saberlo, quise aprovechar para conocer a José Luis porque me sabía de memoria su libro sobre Antonio de Torres[1] y no quería perder la oportunidad de que me lo firmara. Pero cuando pregunté en el hostal donde estaban parando ya se habían marchado para Osuna, siguiendo el rastro de esta familia de guitarreros. Para mis paisanos, los Romanillos eran otros dos turistas de pelo blanco, desorientados y deambulantes en pleno agosto por la ciudad más calurosa de España. El caso es que estaban poniendo patas arriba los archivos de todo el país para publicar en 2002 The Vihuela de Mano and the Spanish Guitar[2], un verdadero arsenal de datos sobre los vigoleros más importantes de la historia de la guitarra.

Gracias a esta publicación supimos con certeza que Juan Pagés García -el primer Pagés guitarrero- nació en Écija en 1741, que a finales de 1760 marchó a Osuna para abrir un taller como maestro violero, casarse y traer al mundo a tres de sus cuatro hijos: José (1762), Antonio (1764) y Francisco (1773); este último muy pocos meses antes de que la familia se instalara en Cádiz, coincidiendo con el boom de la guitarrería que se dio hacia 1770 en la "Tacita de Plata". Allí, en su casa de Arco de Garaicoechea nº 45, nació el cuarto y último hijo: Joaquín (1779). Murió en la calle Sacramento, el 4 de agosto de 1821, habiéndose casado dos veces. Quizá porque tampoco era su cometido, los Romanillos no quisieron relacionar los datos que ofrecían y llegar a conclusiones. Así que me pareció oportuno revisarlo todo siguiendo las pistas del libro, e indagar en busca de nuevas noticias que completaran la investigación y que dejasen un poquito más claro el "Expediente Pagés" en su sección ecijana. Estos nuevos "hallazgos" me sirvieron para confeccionar parte de la conferencia[3] que di en junio de 2012 en el Centro Cultural La Merced de Cádiz, con motivo de los actos de "La Pepa" y que ahora desempolvo para ustedes…


Partida de bautismo de Juan Pagés García (1741)

Así que, según mis datos, el padre de Juan Pagés García se llamó también Juan Pagés, fue maestro pastelero, se casó en tres ocasiones y enviudó en todas ellas. Probó primero con Ana de Herrera en 1731[4], que falleció muy poco tiempo después: el 11 de julio de 1732[5]. Tras algunos años reponiéndose de la pena, decidió contraer de nuevo matrimonio con Beatriz García[6] el 30 de octubre de 1740. De esta unión nacieron nuestro protagonista, Juan Pagés García, el 20 de noviembre de 1741[7] y tres años más tarde Michaela, el 4 de septiembre de 1744[8]; ambos en la calle Odrería (hoy Jesús Sin Soga). Todo parecía ir sobre ruedas a la familia, que ya tenía su domicilio en propiedad además de un terreno de olivares y molino a renta[9], cuando falleció Beatriz García el 8 de febrero de 1752[10]. Para entonces, Juan Pagés García tenía 10 años y era alumno de las escuelas de la Compañía de Jesús. No obstante, su padre volverá a casarse por tercera vez en 1755 con María Villalba, con quien tendría una tercera hija llamada Rosalía el 17 de septiembre de 1759[11], un año antes de que nuestro protagonista decidiera instalarse en Osuna para abrir su tienda de guitarras[12].

Realmente no tenemos noticias ciertas de que Juan Pagés García aprendiese guitarrería en Écija, ni tampoco sabemos de un instrumento suyo del periodo anterior a 1761[13], pero es obvio que si abrió su taller nada más instalarse en Osuna debió aprender el oficio un tiempo antes. Así que la siguiente cuestión era confeccionar un censo con los guitarreros ecijanos de la época -lo que nos abrió otro campo fascinante[14]-  y seguir investigando sobre quien pudo ser su maestro. Para ello, consulté los padrones de entre 1740 y 1770, el Catastro del Marqués de Ensenada de 1751[15] y el propio libro de Romanillos. Por el momento, he repartido los datos en generaciones:

1ª Generación 

- Bartolomé León y Ostos (Écija, 1673). En 1727[16] ya aparece como maestro vigolero en la calle Carreras.  Es muy difícil que enseñase a nuestro protagonista por los 68 años de diferencia entre ambos. Pero conviene no perder la pista de Bartolomé León, porque puede ser uno de los puntales de este oficio en Écija.

2ª Generación 

- Pedro del Castillo Arenas (Puerto de Santa María, ca. 1700). No es nativo, pero se viene a vivir a Écija con un año de edad, para casarse en 1718 con Micaela de la O. De los nueve hijos que tuvo, el mayor, llamado Juan Antonio, siguió sus pasos. En el Catastro de Ensenada (1751) aparece como maestro vigolero en Puerta Palma. Después volveremos a él.

 
Pedro del Castillo, posible maestro de Juan Pagés García, en el Catastro del Marqués de la Ensenada (1751)


3ª Generación 

- Juan del Castillo de la O (Écija, 1719).  Hijo de Pedro del Castillo Arenas, en 1758 -dos años antes de que Juan Pagés marche a Osuna- ya tiene su taller en calle Zamorano de Écija.

- Francisco de Castro “Maestro Siruela” (Écija, ca.1725). En 1752, tenía taller en c/ Alcázar[17]. 

4ª Generación 

- Francisco Pérez (Écija, ca.1730), en 1766[18] ya aparece registrado con una guitarrería en la calle Zamorano, cerca de la de Juan del Castillo de la O, con cuya familia tendrá mucha relación según hemos comprobado por los padrones.

- Antonio de la Soledad (Écija, ca. 1730) en 1767[19], aparece con una guitarrería en c/Calzada.

- Andrés de Borja (Écija, 1735). Es coetáneo de Juan Pagés, hacia 1760 ya ejerce la profesión de vigolero por cuenta ajena en la calle Adarve, y por cuenta propia desde 1767 en la calle Trascampanario.

 
Etiqueta de una guitarra de Juan Pagés García (1777)


5ª Generación 

- Nicolás del Castillo Márquez (Écija, 1740). Nieto de Pedro del Castillo Arenas y coetáneo de nuestro protagonista. En 1760 ya tiene su taller en calle Puerta Palma, de Écija.

A esta última generación pertenece Juan Pagés García, que pudo aprender de los maestros del segundo y tercer grupo, pero me temo que tendremos que seguir investigando…





[1] Romanillos Vega, J.L. & Harris Winspear, M. Antonio de Torres: Guitar maker-His Life & Work. Elements Books. 1987.

[2] Romanillos Vega, J.L. & Harris Winspear, M. The Vihuela de Mano and the Spanish Guitar. A Dictionary of the Makers of Plucked and Bowed Musical Instruments of Spain (1200-2002).Guijosa, The Sanguino Press. 2002

[3] López Gutiérrez, José Manuel. La Guitarra Gaditana; evolución histórica del instrumento. En el Centro Cultural La Merced, el 16 de junio de 2012.
[4] Archivo Parroquial Santa Bárbara de Écija (en adelante APSBE) Amonestaciones, LB 11. Índice.
[5] APSBE, Defunciones, Lb3, 101 rev.
[6] APSBE, Matrimonios, Lb12, f64
[7] APSBE, Bautizos, Lb 16 f318. Con los nombres Juan Julián Joseph del Rosario.
[8] APSBE, Bautizos, Lb17, f65
[9] Archivo Municipal de Écija (en adelante AME) Padrones, Lb 633 – Sta. Bárbara (1751). Aparece Juan Pagés (padre) “con tienda de confitería, casa propia y olivares”
[10] APSBE, Defunciones, Lb3, f236rv
[11] APSBE, Bautismos, Lb.18,  f.103
[12] Juan Pagés García ya no aparece en los padrones ecijanos en 1761. Así que debió instalarse en Osuna (a 35 kms de Écija) a mediados de 1760. Además de abrir un taller como maestro violero, se casó con Gregoria López de Leyva el 17 de febrero de 1761. Su padre, Juan Pagés (maestro confitero), seguirá viviendo en Écija al menos hasta 1770, año en que le perdimos el rastro.  
[13] La guitarra de Juan Pagés García más antigua que se conoce está en la colección de Paulino Bernabé y data de 1777, cuando el guitarrero cuenta ya 36 años y lleva viviendo en Cádiz siete años.
[14] Este periodo de la historia de Écija es especialmente prolífico por la abundancia económica de aquellos años. Revisando estos padrones he encontrado muchos oficios relacionados con la música que dan para un estudio más a fondo que sin duda habría que abordar. Por otro lado, el gremio de carpinteros era importantísimo, si bien los vigoleros iban por cuenta propia puesto que muchos de ellos en realidad eran maestros de carpintero que en un momento determinado podían fabricar una guitarra sin dedicarse exclusivamente a ello.
[15] AME, 1745, Catastro del Marqués de la Ensenada. Lb 1143
[16] AME, Actas Capitulares, 1727. Lb 144, fl 25rv
[17] AME, 1752, Padrón de Santa Bárbara - Lb 633
[18] AME, 1766, Padrón de Santa Cruz - Lb 637
[19] AME, 1767, Padrón de Santa Cruz - Lb 637

martes, 26 de agosto de 2014

EL SECRETO DE LAS MINAS (y II)


Más allá del Festival de mega-estrellas flamencas que abre cada edición, es el Concurso que otorga la Lámpara Minera[1] el capítulo que realmente levanta pasiones y polémicas entre los grandes aficionados que se dan cita en el Mercado de La Unión. La cosa está clara: el ganador, independientemente de los 15.000 euros de dotación económica[2], recibirá por parte de la organización el mismo tratamiento (o casi) que una “Miss España”: promoción, giras internacionales con “Las Minas Flamenco Tour”, actuaciones en “plazas importantes”, grabación de discos, inclusión en las Galas del año siguiente… Una “adopción” en toda regla que el artista debe aprovechar al máximo de cara a su futuro, porque transcurrido el año de “reinado” la mayoría se convierte en anécdota histórica.   

No obstante, de todos los temas que generan “guasa” demostrable alrededor del Concurso, el que se lleva la palma es el de la variante melódica que supuestamente valora más a la alza el jurado desde la misma fase de selección. De ahí que, aunque realmente en las bases no se exija la interpretación de una minera o cartagenera determinadas, año tras año se ha fundamentado la creencia de que tal cosa es así. Pero, ni la organización hace nada por desmentir tal bulo, ni los concursantes exigen una aclaración al respecto… Y es aquí donde el Concurso de Las Minas se ahorca -él solito- el “seis doble” hasta llegar a la esclerosis estética que hoy lo tiene contra las cuerdas.


 1972 - Pencho Cros y Antonio Fernández (Minera)
(Rito y Geografia del Cante)

Analizando, desde antiguo siempre se premiaron unos cantes más que otros y, dependiendo del periodo histórico, primero se distinguieron las formas de Antonio Piñana (1913-1989), más tarde las del alcalde y cantaor aficionado Esteban Bernal[3] y por último -y hasta nuestros días- se impusieron los modelos de Pecho Cros (1925-2007) y Encarnación Fernández (1951). Pero la cosa se encorsetó tanto que ha degenerado en la mimetización más absoluta. Al parecer, todo partía de la obsesión chovinista de perpetuar un repertorio estrictamente local que realmente tiene matriz malagueña, se reinventó en Almería y no se acomodó en La Unión hasta el último tramo del siglo XIX, como ustedes sabrán. En ese ideario estaban La Peñaranda y otros forasteros como El Alpargatero, Chilares, El Pajarito, El Morato… que dejaron variantes muy logradas, pero que en la inmensa mayoría no llegan a los niveles creativos del Cojo de Málaga, Chacón, Niño de Cabra, Escacena, Marchena, El Pena, Cepero o Vallejo, por nombrar a algunos recreadores de estos estilos taranteros[4]. Un sinsentido, ¿no?. Porque ¿quién hace la minera de Pencho Cros fuera del Concurso de Las Minas? 

Preguntando a los concursantes[5], casi todos coinciden en que al principio se presentaron con “lo puesto”, pero sin éxito. Una vez en La Unión, advirtieron que lo mejor era “aprender milimétricamente las cosas de Cros y Fernández” o las grabaciones de las ediciones anteriores[6]. O, directamente, les “aconsejaron” que fuesen a un “preparador”. Unos de los primeros en aleccionar aspirantes fueron Piñana y el propio Cros[7]. Hoy el más solicitado es Rosendo Fernández, guitarrista oficial y hermano de Encarnación. Me cuentan que es un hombre formal y serio que tiene con esto un “incentivo económico”, y que jamás asegura que estudiar con él sea sinónimo de éxito[8]. Pero es tanta su efectividad que puede corregir defectos de forma, y hacer que un cantaor “con oficio” adquiera “los matices” exigidos para ganar una Lámpara en un par de días[9]… 


2014 - David Lagos y Rosendo Fernández (Minera)

Por otro lado, lógicamente, el Concurso no pierde la oportunidad de impulsar cualquier sorpresa que venga por derecho -incluso sin el repertorio de marras- en el intento de romper la dinámica establecida y provocar que la mujer del Cesar sea honrada hasta parecerlo. Ganar credibilidad, se llama el asunto. Son muy pocos/as quienes han llegado y han besado el santo pero, definitivamente, queda claro que le “salvan el culo” al Concurso... mucho más que el Concurso a ellos. Desde luego, habría que hablar de muchos más asuntos cuestionables como la repetición de ciertos miembros del jurado año tras año, lo que resulta poco aséptico. O de lo que más ojiplático me ha dejado: si el ganador de la Lámpara consigue más premios, estos son económicamente “absorbidos”. Es decir: si este año David Lagos ha ganado los 15.000 euros de la Lámpara, y otros 12.000 de otros premios… sólo van a llegar a su bolsillo 15.000 (menos deducciones del Estado). Los otros 12.000 los pierde -así se advierte en las bases- como yo perdí a mi abuela[10]. 

Por supuesto, en estos días de llamadas y charlas con unos y otros, me han confesado historias realmente tristes y menos demostrables, pero que hacen que el río suene demasiado… Me han hablado de la separación interna del jurado entre una mayoría cercana a la organización y una minoría ajena a la misma (insobornable pero en inferioridad numérica); lo que facilitaría controlar en qué manos cae la Lámpara[11]. De como algunos/as alcanzaron la Lámpara por cantar una minera con letra de un miembro del jurado con el que pocos meses después sacaron disco… De una importante peña que supuestamente pujó por que la Lámpara fuese a manos de una determinada cantaora… De otra cantaora que, el mismo día de su semifinal y ante la entendida confirmación de que la Lámpara era para ella –como así fue-, llamó a Sevilla a su guitarrista habitual para que se preparase para la final… De la pleitesía y el agradecimiento reverencial y casi humillante que hay que mostrar a ciertos miembros de la organización… O la imposibilidad de dejar desierta la Lámpara en caso de poca calidad por imperativo legal del mandamás mayor[12] que, como hemos visto estos días, no pierde puntada en aras de potenciar su imagen política. 

Nada de lo narrado hasta ahora es ilegal desde un punto de vista estricto, pero hay cosas que pueden considerarse totalmente amorales si las extrapolamos a cualquier otro tipo de certamen. Mas en La Unión, todo esto es tan habitual que se ha normalizado: es parte del paisaje. Con todo, lo realmente triste, es que la inmensa mayoría siga entrando "por el aro". A pesar de los pesares...
  

[1] El Bordón para el toque, el Desplante para el baile y el Filón para otros instrumentos, son modalidades de menor entidad. Por tanto, en este post me centraré exclusivamente en la Lámpara Minera. 
[2] A principios de los 90 el premio era de 500.000 pesetas y a mediados de esa misma década de 750.000 pesetas. En 2002 se subió a 6.000 euros, en 2003 a 9.000, en 2005 ya estaba en 12.000 y en 2008 se quedó en 15.000. 
[3] Esteban Bernal llegó a grabar un EP en 1967 con la guitarra de Antonio Fernández, titulado Cantes de las Minas (Belter 52.143), en el que fijó mineras y cartageneras. 
[4] En este sentido, me confiesa un ex-jurado (inquebrantable a mi juicio) que hizo esta pregunta a sus compañeros de puntuaciones: “¿y qué pasaría aquí si apareciera en este modelo de Concurso un Don Antonio Chacón con su minera o su cartagenera personales?” 
[5] Les recuerdo que para estos post sobre Las Minas he consultado la opinión de unas 25 personas entre ganadores y perdedores del Concurso, aficionados, periodistas, críticos y miembros del jurado de los últimos quince años (no todos, lógicamente). 
[6] Imaginamos que antes o después este Concurso tendrá que abrir el abanico de variantes si no quiere reventar de empacho.
[7] Se dice, se comenta, se rumorea..., que fue el mismísimo Pencho Cros quien preparó para ganar su Lámpara a un entonces jovencísimo y desconocido cantaor que devolvió el prestigio a este concurso a principios de los noventa. Al parecer, este cantaor estuvo un mes conviviendo con Cros, como la apuesta personal de un recién elegido director del Concurso que pretendía renovarlo e insuflarle aire fresco y juventud.
[8]  Una laza en favor de la formalidad del Concurso: hay que desmentir lo que hace unos años se rumoreó sobre determinado preparador de un flamenquísimo pueblo sevillano. Como quiera que algunos de sus alumnos fueron “Lámparas” en la década de 2000, sus clases se convirtieron en poco menos que el "pasaporte a la gloria". Me cuentan algunos de estos ganadores que en realidad este guitarrista no conocía en profundidad estos cantes. Así que también recurrieron a las grabaciones de Cros y Fernández, las aprendieron por su cuenta y, al conocerse unos y otros, fueron aprendiéndolas entre ellos. También me certifican que este guitarrista no tenía “contacto directo” con la organización -como presuponía todo el mundo- y que fue la dirección del propio Concurso quién “le cortó las alas” llamándolo al orden, puesto que aseguraba el éxito a sus alumnos sin el menor reparo.   
[9] El colmo de esta película ha sido saber de primera mano cómo hay cantaores/as que incluso trasladan a La Unión su residencia por unos años para empaparse de estos “matices”. 
[10] Otra puerta abierta a la supuesta manipulación -si la cosa está cortita de posibles- que no debieran permitir los concursantes. 
[11] Consultadas las partes, hay miembros del jurado que me aseguran que eso no es así –o al menos ellos no lo han notado- y otros -los más antiguos- que me lo certifican. 
[12] Imagínense que desastre para la cuestión propagandística…

sábado, 23 de agosto de 2014

EL SECRETO DE LAS MINAS (I)


Existe tanta leyenda negra en torno al Festival Internacional del Cante de las Minas que hace décadas que el tema se convirtió en algo ciertamente novelable. De ahí que se cuenten por los corrillos flamencos muchos sainetes que dejan la garganta seca a cualquiera. Por supuesto, estos relatos tienen el típico epílogo rogatorio de anonimato, claro; porque, como pasa en toda historia oscura que se precie, existe también esa “mijita” de miedo a razones todopoderosas. En este caso a que una temida "mano negra" acabe con carreras artísticas, acreditaciones de prensa y distinguidos privilegios a quienes saquen “los pies del tiesto”. Algún ejemplo hay de reprimendas varias, de ahí que el discurso por "lo bajini" se perpetúe. Estoy seguro -segurísimo- de que no será para tanto y que, al final, ni todo andará tan turbio como se dice, ni tan limpio como se vende. Como pasa en “todas partes”. Claro “que todas partes” no son anunciadas “a bombo y platillo” como paradigma de evento flamenco a nivel mundial. 

Eso precisamente, es lo primero que llama poderosamente la atención del Festival de La Minas: la algarabía mediática que genera. Razonablemente, hay quienes no entienden que se den homenajes a determinadas personalidades y "culturetas" de la música, el cine, los fogones o los medios[1] que no tienen absolutamente nada que ver ni con el flamenco ni con La Unión, lo que ciertamente debe responder a un interés amarillista y propagandístico, y que busca llamar la atención de una prensa generalista que en pleno mes de agosto poco tiene que ofrecer al espectador a la hora de tomarse el gazpacho. Así que, el homenaje continuo de este Festival a RTVE habrá de entenderse como un agradecimiento eterno por la cobertura prestada por el ente público. Una pareja de hecho que sostiene un tercero: el contribuyente.

Pérez Reverte, Carlos Herrera y Fernando Trueba con el alcalde. ¿Conocerán la minera de Pencho Cros? (Fotos: http://www.fundacioncantedelasminas.org)

Por tanto, más allá de romances de valentía con los medios, para los mandamases de este Festival lo importante son los números y así queda reflejado en la web del Ayuntamiento de La Unión, donde se asegura en grandes titulares que todo este circo ha generado casi 8.000.000 de euros y ha llegado a una audiencia de 614.083.300 personas[2] sólo en 2014. Es decir, trece veces la población de España ha escuchado hablar del bueno de David Lagos, flamante y merecidísima Lámpara Minera de este año. Así que imagino que estos días será muy difícil aguantar el ego del señor alcalde. Claro que, leyendo a fondo toda la información publicada en dicha web[3], entre los medios citados que cubrieron el Festival se encuentra Flamencoworld.com, revista de internet que no existe desde hace algunos meses y que, por tanto, no ha podido cubrir el Festival...

No obstante, y siguiendo con la organización, a pesar de que casi todos los “agentes” consultados[4] le dan una nota alta o muy alta, son los trabajadores de los propios medios -más de cien este año- quienes afirman que dicha organización es manifiestamente mejorable. La queja más común va precisamente para el gabinete de comunicación, compuesto por once personas que en esta edición no fueron capaces ni de sacar una nota de prensa con los finalistas en el momento que se anunciaron. Tampoco ninguno de los once fue capaz de retransmitir los espectáculos en las redes sociales, fórmula establecida en estos tiempos y habituales en otros eventos. ¿Qué contraste, no?.
 
Don Juan Carlos, recibiendo la Medalla de Oro del Festival de manos del alcalde. El Ministro Margallo, apadrinando "Las Minas Flamenco Tour", junto al alcalde. (Fotos: http://www.fundacioncantedelasminas.org)

Por otro lado, y por más que he indagado y preguntado, hay una cuestión que nadie me ha esclarecido del todo: ¿sigue el Festival de las Minas invitando a gastos pagados a los críticos especializados que van a cubrir el evento?. Esto, que se ha estandarizado como una lacra en la mayoría de festivales del mismo nivel, es de auténtica vergüenza. Y lo es porque anula al periodista como profesional independiente e imparcial a la hora de escribir realidades, cuando lo ético sería que los gastos de viaje y estancia de cada plumilla los costease el propio medio para el que trabaja o el mismo crítico, en caso de ser freelance.   

Mas, siguiendo con el amarillsimo, está claro que lo sostiene el evento a nivel mediático es el Festival que precede al Concurso. Una programación que en poco o nada difiere de los grandes espectáculos de gran formato que ofrecen la Suma Flamenca, Nimes, Festival de Jerez, La Bienal de Sevilla o los Flamenco Festival, y que se nutre de una serie de "mega-estrellas" flamencas (siempre sota, caballo y rey) que en la mayoría de los casos no saben si Encarnación Fernández era de Torrevieja o de Pontevedra, pero que generan unos ingresos de 150.000 euros de taquillaje. A esto hay que sumar las cantidades que aportan el Gobierno de España, la Comunidad Autónoma y el propio Ayuntamiento, además de otras empresas privadas tipo Corte Inglés, Fundación Cajamurcia, Universidad Católica de Murcia, Acciona, etc, cuyos donativos no se especifican en la web municipal. 

Por tanto, queda claro que la "cabeza pensante" de este Festival -sea quien sea realmente- no sólo lo sabe lo que hace, sino que lo hace de muy bien para arriba (siempre y cuando todos estos datos sean reales). Tan claro lo tiene esta criatura, que hace unos años (2011) hasta se inaguró en La Unión un "paseo de la fama" al estilo de Hollywood en el que estas "mega-estrellas" flamencas tienen su rinconcito junto a los míticos cantaores de la tierra. Que cada cual saque sus conclusiones...

Encarnación Fernández en la "Avenida del Flamenco"
(Foto: http://www.fundacioncantedelasminas.org)




[1] En este sentido habría que acordarse del Potaje de Utrera, que funciona en los mismos términos mediáticos -una sola noche, claro-  y es el festival que más público “generalista” mete con diferencia. El público especializado -cuatro gatos que gastan poco- dio la espalda a esta idea hace años. Un debate para otro día. 
[2] En www.ayto-launion.org puede leerse: “El Certamen flamenco más importante del mundo ha generado 4.320 noticias en los medios de comunicación, que han llegado a más de 614 millones de personas, lo que lo convierte en uno de los 3 eventos culturales más mediáticos de España. La valoración económica de estos impactos informativos llega a 8 millones de euros”
[3] Datos extraídos de un informe de medios realizado por la consultora Kantar Media para el propio evento que, esperemos que no haya presentado en dicho informe los resultados que la dirección del Festival quería oir… 
[4] Para este artículo he pedido opinión a unas 25 personas entre ganadores y perdedores de la Lámpara Minera, aficionados de la zona, periodistas, críticos y miembros del jurado del concurso de los últimos quince años (no todos, lógicamente). 

miércoles, 20 de agosto de 2014

OMEGA: EL PUNTO Y FINAL (y III)


Tras la llamada de la revista El Europeo[1] había “una gestión desesperada de Juan Mesas que, una vez agotadas las discográficas, había emprendido una campaña de envío de maquetas a revistas, periódicos...”, cuenta Jesús Arias. Los de El Europeo jamás habían editado un disco “no tenían ni la más mínima idea de cómo se crea una compañía discográfica, ni de cómo funcionaba el negocio de la música, pero estaban absolutamente decididos a editar Omega”[2]. Todos pensaron que la idea de la revista era sacarlo “como esos CD’s que van insertados en plan de regalo”, pero Enrique recibió una llamada del director de El Europeo en la que le proponía un encuentro en el Hotel Granada Center para acordar todo lo concerniente a la producción. Tras 45 minutos de charla “los representantes de la revista habían dado el sí. Mencionaron estudios de grabación en Madrid, fechas para grabar, músicos, diseñadores para la portada[3]…”. Aquello fue una inyección de optimismo para todos: “mientras los de El Europeo se alojaron en el hotel con sus contratos y sus maletines, Morente y nosotros nos fuimos al pub La Tertulia a emborracharnos y brindar por el proyecto”. 

Artísticamente la producción de Omega fue muy inteligente puesto que las seis ásperas incursiones de Lagartija Nick, están estratégicamente arropadas por colaboraciones más dulzonas de Isidro Muñoz, Raúl Alcover, Vicente Amigo, Tomatito, La Barbería, Cañizares, Miguel Ángel Cortes, Juan Antonio Salazar… Todo, bajo diez textos de Federico y tres de Cohen, “aunque hay mucho material inédito que guarda mi hermano Antonio”, cuenta Jesús.


 
1997 - Omega - El flamenco del siglo XXI 

En lo compositivo, cualquiera que haya navegado en las melodías morentianas sabe que Enrique nunca se privó de hacer aportaciones de nuevo cuño y en Omega hay bastantes muestras. Quizás, esta vez, las dimensiones excesivas del formato lorquiano no cuadraban en mucho con las estructuras del cante tradicional. En cambio, Morente no entró en la típica fullería de colocar la escala andaluza al final de la estrofa para que, lo que sólo es una simple canción, suene flamenco. No obstante, en estas composiciones prevalece su habitual linealidad en el dibujo del arco melódico, lo que lleva a la monotonía que siempre le criticaron sus detractores. 

Es en el apartado rítmico donde las aportaciones de Morente son más excelsas. A mediados de los noventa la experimentación no se basaba tanto en el adorno instrumental como en el tratamiento de las posibilidades que dan las dos amalgamas que reinan en el flamenco (el canon 6x8+3x4 de la soleá y su mundo, y el 3x4+6x8 de la seguiriya y el suyo) y el enlace entre ellas. Los resultados son muy exóticos y en Omega se explotan estupendamente. Por ejemplo, los números que abren y cierran el disco juegan descaradamente con la métrica-melódica del martinete, para llegar a la seguiriya cuando conviene, y cruzarse a la bulería cuando se pretende llevar la causa a los extremos. Esto último prevalece en el Solo del Pastor Bobo y Niña ahogada en un pozo.

Morente propone, además, otro paradigma rítmico articulado en base a la insinuación y camuflaje de las "tierras" y el desarrollo de estas. Por ejemplo, en Pequeño vals vienés lo primero que se percibe es el absoluto dominio del tiempo de vals, potenciado por el acordeón. Pero si nos vamos al cajón de Bandolero, Enrique está cantando por alegrías/bulerías por soleá. En Vals en las ramas, se hace al contrario, quedando esta vez el vals en segundo lugar. En La Aurora de Nueva York y Aleluya reaparece la bulería por soleá, pero de una manera más evidente y distinta morfología. Toda esta filosofía se desgrana también en Manhattan y Sacerdotes, pero en compás de tangos. Si bien la introducción cantada de Vuelta de paseo podría entenderse como una granaína -cosa que puede ser imaginar mucho dependiendo de quién lo imagine-, en Ciudad sin sueño se impone la caña, en Adán la soleá y en Norma y paraíso de los negros, el fandango.

 
1999 - Morente & Lagartija Nick - Ciudad sin sueño 

Omega llegó a las tiendas en diciembre de 1996 (un año y cuatro meses después del entierro de Fernández Piñar), fue distribuido por Karonte y vendió 50.000 copias. Al respecto, años después, Morente contó que había pagado “una factura muy grande” por no sacar el disco con una multinacional. Reconocía no haber ganado mucho con Omega: “todavía no ha llegado al extranjero. Entonces, comercialmente, fue un error mío porque no hubo una distribución normal”. Y añade: “Por lo visto, el dinero para el disco lo puso una inmobiliaria. Cuando yo dije que era una barbaridad que no se vendiese fuera, resultó que yo no tenía derecho al disco. Al final tuve que comprarlo a la inmobiliaria por unos siete millones de pesetas”[4]. Finalmente, Universal reeditó Omega en 2008.




[1] En diciembre de 1994, su director, Borja Casani decía: “Pretendemos mostrar el arte, pero huyendo de la frialdad de la obra: mostramos el proceso del artista mientras lo vive, su verdad privada, su cruz personal”. Casani (Madrid, 1952) fue creador a principios de los 80 de la revista La Luna de Madrid, que retrató fielmente el espíritu de la movida madrileña. A esta siguieron las revistas Sur Express y Area Internacional, antes de llegar a El Europeo en 1992.    
[2] Despues de Omega, editaron a otros artistas como Martirio, Luis Eduardo Aute, Guillermo McGill, Luis Pastor, Pedro Guerra, Jaume Sisa, Mercedes Ferrer, Coque Maya o Christina Rosenvinge. 
[3] La portada de Omega es obra de Arturo Iturbe e Iñigo Pérez-Madero Cubiles. 
[4] Núñez Hervás, Gabriel. Enrique Morente, contra la ignorancia. Revista Boronia verano/otoño, 2010. Págs 12-19.