martes, 26 de agosto de 2014

EL SECRETO DE LAS MINAS (y II)


Más allá del Festival de mega-estrellas flamencas que abre cada edición, es el Concurso que otorga la Lámpara Minera[1] el capítulo que realmente levanta pasiones y polémicas entre los grandes aficionados que se dan cita en el Mercado de La Unión. La cosa está clara: el ganador, independientemente de los 15.000 euros de dotación económica[2], recibirá por parte de la organización el mismo tratamiento (o casi) que una “Miss España”: promoción, giras internacionales con “Las Minas Flamenco Tour”, actuaciones en “plazas importantes”, grabación de discos, inclusión en las Galas del año siguiente… Una “adopción” en toda regla que el artista debe aprovechar al máximo de cara a su futuro, porque transcurrido el año de “reinado” la mayoría se convierte en anécdota histórica.   

No obstante, de todos los temas que generan “guasa” demostrable alrededor del Concurso, el que se lleva la palma es el de la variante melódica que supuestamente valora más a la alza el jurado desde la misma fase de selección. De ahí que, aunque realmente en las bases no se exija la interpretación de una minera o cartagenera determinadas, año tras año se ha fundamentado la creencia de que tal cosa es así. Pero, ni la organización hace nada por desmentir tal bulo, ni los concursantes exigen una aclaración al respecto… Y es aquí donde el Concurso de Las Minas se ahorca -él solito- el “seis doble” hasta llegar a la esclerosis estética que hoy lo tiene contra las cuerdas.


 1972 - Pencho Cros y Antonio Fernández (Minera)
(Rito y Geografia del Cante)

Analizando, desde antiguo siempre se premiaron unos cantes más que otros y, dependiendo del periodo histórico, primero se distinguieron las formas de Antonio Piñana (1913-1989), más tarde las del alcalde y cantaor aficionado Esteban Bernal[3] y por último -y hasta nuestros días- se impusieron los modelos de Pecho Cros (1925-2007) y Encarnación Fernández (1951). Pero la cosa se encorsetó tanto que ha degenerado en la mimetización más absoluta. Al parecer, todo partía de la obsesión chovinista de perpetuar un repertorio estrictamente local que realmente tiene matriz malagueña, se reinventó en Almería y no se acomodó en La Unión hasta el último tramo del siglo XIX, como ustedes sabrán. En ese ideario estaban La Peñaranda y otros forasteros como El Alpargatero, Chilares, El Pajarito, El Morato… que dejaron variantes muy logradas, pero que en la inmensa mayoría no llegan a los niveles creativos del Cojo de Málaga, Chacón, Niño de Cabra, Escacena, Marchena, El Pena, Cepero o Vallejo, por nombrar a algunos recreadores de estos estilos taranteros[4]. Un sinsentido, ¿no?. Porque ¿quién hace la minera de Pencho Cros fuera del Concurso de Las Minas? 

Preguntando a los concursantes[5], casi todos coinciden en que al principio se presentaron con “lo puesto”, pero sin éxito. Una vez en La Unión, advirtieron que lo mejor era “aprender milimétricamente las cosas de Cros y Fernández” o las grabaciones de las ediciones anteriores[6]. O, directamente, les “aconsejaron” que fuesen a un “preparador”. Unos de los primeros en aleccionar aspirantes fueron Piñana y el propio Cros[7]. Hoy el más solicitado es Rosendo Fernández, guitarrista oficial y hermano de Encarnación. Me cuentan que es un hombre formal y serio que tiene con esto un “incentivo económico”, y que jamás asegura que estudiar con él sea sinónimo de éxito[8]. Pero es tanta su efectividad que puede corregir defectos de forma, y hacer que un cantaor “con oficio” adquiera “los matices” exigidos para ganar una Lámpara en un par de días[9]… 


2014 - David Lagos y Rosendo Fernández (Minera)

Por otro lado, lógicamente, el Concurso no pierde la oportunidad de impulsar cualquier sorpresa que venga por derecho -incluso sin el repertorio de marras- en el intento de romper la dinámica establecida y provocar que la mujer del Cesar sea honrada hasta parecerlo. Ganar credibilidad, se llama el asunto. Son muy pocos/as quienes han llegado y han besado el santo pero, definitivamente, queda claro que le “salvan el culo” al Concurso... mucho más que el Concurso a ellos. Desde luego, habría que hablar de muchos más asuntos cuestionables como la repetición de ciertos miembros del jurado año tras año, lo que resulta poco aséptico. O de lo que más ojiplático me ha dejado: si el ganador de la Lámpara consigue más premios, estos son económicamente “absorbidos”. Es decir: si este año David Lagos ha ganado los 15.000 euros de la Lámpara, y otros 12.000 de otros premios… sólo van a llegar a su bolsillo 15.000 (menos deducciones del Estado). Los otros 12.000 los pierde -así se advierte en las bases- como yo perdí a mi abuela[10]. 

Por supuesto, en estos días de llamadas y charlas con unos y otros, me han confesado historias realmente tristes y menos demostrables, pero que hacen que el río suene demasiado… Me han hablado de la separación interna del jurado entre una mayoría cercana a la organización y una minoría ajena a la misma (insobornable pero en inferioridad numérica); lo que facilitaría controlar en qué manos cae la Lámpara[11]. De como algunos/as alcanzaron la Lámpara por cantar una minera con letra de un miembro del jurado con el que pocos meses después sacaron disco… De una importante peña que supuestamente pujó por que la Lámpara fuese a manos de una determinada cantaora… De otra cantaora que, el mismo día de su semifinal y ante la entendida confirmación de que la Lámpara era para ella –como así fue-, llamó a Sevilla a su guitarrista habitual para que se preparase para la final… De la pleitesía y el agradecimiento reverencial y casi humillante que hay que mostrar a ciertos miembros de la organización… O la imposibilidad de dejar desierta la Lámpara en caso de poca calidad por imperativo legal del mandamás mayor[12] que, como hemos visto estos días, no pierde puntada en aras de potenciar su imagen política. 

Nada de lo narrado hasta ahora es ilegal desde un punto de vista estricto, pero hay cosas que pueden considerarse totalmente amorales si las extrapolamos a cualquier otro tipo de certamen. Mas en La Unión, todo esto es tan habitual que se ha normalizado: es parte del paisaje. Con todo, lo realmente triste, es que la inmensa mayoría siga entrando "por el aro". A pesar de los pesares...
  

[1] El Bordón para el toque, el Desplante para el baile y el Filón para otros instrumentos, son modalidades de menor entidad. Por tanto, en este post me centraré exclusivamente en la Lámpara Minera. 
[2] A principios de los 90 el premio era de 500.000 pesetas y a mediados de esa misma década de 750.000 pesetas. En 2002 se subió a 6.000 euros, en 2003 a 9.000, en 2005 ya estaba en 12.000 y en 2008 se quedó en 15.000. 
[3] Esteban Bernal llegó a grabar un EP en 1967 con la guitarra de Antonio Fernández, titulado Cantes de las Minas (Belter 52.143), en el que fijó mineras y cartageneras. 
[4] En este sentido, me confiesa un ex-jurado (inquebrantable a mi juicio) que hizo esta pregunta a sus compañeros de puntuaciones: “¿y qué pasaría aquí si apareciera en este modelo de Concurso un Don Antonio Chacón con su minera o su cartagenera personales?” 
[5] Les recuerdo que para estos post sobre Las Minas he consultado la opinión de unas 25 personas entre ganadores y perdedores del Concurso, aficionados, periodistas, críticos y miembros del jurado de los últimos quince años (no todos, lógicamente). 
[6] Imaginamos que antes o después este Concurso tendrá que abrir el abanico de variantes si no quiere reventar de empacho.
[7] Se dice, se comenta, se rumorea..., que fue el mismísimo Pencho Cros quien preparó para ganar su Lámpara a un entonces jovencísimo y desconocido cantaor que devolvió el prestigio a este concurso a principios de los noventa. Al parecer, este cantaor estuvo un mes conviviendo con Cros, como la apuesta personal de un recién elegido director del Concurso que pretendía renovarlo e insuflarle aire fresco y juventud.
[8]  Una laza en favor de la formalidad del Concurso: hay que desmentir lo que hace unos años se rumoreó sobre determinado preparador de un flamenquísimo pueblo sevillano. Como quiera que algunos de sus alumnos fueron “Lámparas” en la década de 2000, sus clases se convirtieron en poco menos que el "pasaporte a la gloria". Me cuentan algunos de estos ganadores que en realidad este guitarrista no conocía en profundidad estos cantes. Así que también recurrieron a las grabaciones de Cros y Fernández, las aprendieron por su cuenta y, al conocerse unos y otros, fueron aprendiéndolas entre ellos. También me certifican que este guitarrista no tenía “contacto directo” con la organización -como presuponía todo el mundo- y que fue la dirección del propio Concurso quién “le cortó las alas” llamándolo al orden, puesto que aseguraba el éxito a sus alumnos sin el menor reparo.   
[9] El colmo de esta película ha sido saber de primera mano cómo hay cantaores/as que incluso trasladan a La Unión su residencia por unos años para empaparse de estos “matices”. 
[10] Otra puerta abierta a la supuesta manipulación -si la cosa está cortita de posibles- que no debieran permitir los concursantes. 
[11] Consultadas las partes, hay miembros del jurado que me aseguran que eso no es así –o al menos ellos no lo han notado- y otros -los más antiguos- que me lo certifican. 
[12] Imagínense que desastre para la cuestión propagandística…

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