sábado, 16 de agosto de 2014

OMEGA: EL PUNTO Y FINAL (II)

El “proyecto Cohen” iba igualmente adelante: “Enrique era fan del canadiense[1] y también de Van Morrison, a quien copió su peinado[2]”, continúa Jesús Arias. “Había llamado a Alberto Manzano para las traducciones, a Raúl Alcover y a Luis García Montero, como adaptadores. Incluso tenía maquetas grabadas. Estabamos en su casa bebiendo cerveza, con el hielo roto por completo y cuando todo el mundo hablaba con completa confianza, nos confesó que no se sentía muy a gusto con lo que estaba haciendo con Alcover y que le encantaría que nosotros le echáramos un vistazo a las maquetas que tenía y a los discos de Leonard Cohen".

"Entonces mi hermano Antonio le habló de una tremenda versión del Hallelujah según Jeff Buckley[3] que emocionó a Enrique, que decidió entonces que los “Lagartija” fuesen también su banda de acompañamiento en el proyecto Cohen”. Al final, los dos trabajos se unificaron en uno por sugerencia del cantaor: “Cohen y Lorca en un mismo disco podría ser la leche”. Enrique acababa de encontrar un nuevo rumbo a su proyecto de Leonard Cohen que, con la inclusión de Poeta en Nueva York y la participación de Lagartija Nick, abría un abanico de posibilidades: “Así, lo que iba a ser una colaboración puntual en un par de temas se convertía en un LP entero con Morente”.

1994 - Jeff Buckley - Halleluya

Días después, el grupo ya había preparado Pequeño vals vienés, Hallelujah y Esta no es manera de decir adiós (no incluida en el disco): “Morente y sus managers quedaron flipados… Entonces Erick propuso buscar un ocho pistas y registrar todo lo que se nos ocurriera. En dos semanas empezamos a grabar maquetas en el piso de la madre de Rafael Bermúdez[4] -un director teatral que nos ofreció un cuarto piso en el centro de Granada- para tener cientos de posibilidades entre las que elegir; la fórmula de trabajo morentiano de grabar muchas pistas para jugar con ellas” cuenta Jesús, que fue quién hizo ver a Enrique la posibilidad de usar ecos en lugar de la habitual reverb a toda caña[5]. No obstante, tras varias noches armando el correspondiente escandalo en todo el vecindario, se optó por buscar un estudio de grabación...[6]

En aquellas sesione del piso de Rafael Bermúdez apareció en escena Eduardo Rodríguez Valdivieso[7]: “tenía 82 años y era la única persona viva en 1995 que conoció a Lorca. Y no sólo eso: era el único destinatario que guardaba las cartas de amor más comprometidas que había escrito el poeta”. Eduardo conoció a Lorca en 1932, pero no accedió a sus intenciones amorosas casándose con Montse Gabriel: "en 1993, después de muchas dudas y años de silencio, decidió ceder a la casa-natal del poeta toda esa correspondencia que había mantenido oculta tras una falsa pared de yeso. Morente se mostró encantado con la idea de tener cerca a alguien que ofreciera información de primera mano sobre Lorca”. El octogenario asistió a un ensayo: “para nosotros, era el juez supremo que podía aclararnos si aquel experimento iba bien. Nos dijo que Omega le habría gustado a Federico y que habría sido un honor para él”. 

 1996 - Omega - Una sola música

Así, todo iba sobre ruedas hasta que intentaron vender el proyecto a una discográfica: “la primera interesada fue Sony[8], pero cuando les enviamos las maquetas grabadas rechazaron la idea por no ser vendible. Esto generó mucha inseguridad[9]. Comenzaron días de alcohol y conversaciones: el teléfono de mi casa sonaba de madrugada y era Enrique con sus dudas. Otra noche vino con una botella de J&B; quería jugar al ajedrez y tener ideas, como él decía. Bebíamos sin parar, escuchando música con libros de Lorca abiertos y un cuaderno de notas en el que apuntábamos todo. Nos hicimos muy amigos y decidió llamarnos hermanicos”, cuenta Jesús Arias.

Mientras, Juan Mesas gestionaba con las compañías pero, “vista la reacción de Sony, todas iban devolviendo las cintas. La cuenta registradora del estudio subía, había mucha confusión y alguien del entorno de Morente propuso pagar las deudas e irnos todos a casa”. Morente no lo dudó ni un segundo: “Esto va pa’lante aunque a mí me cueste los dineros, pero esto va pa’lante”. Los Lagartija Nick lo secundaron: “Por nosotros, lo que quieras Enrique”. Un par de días después recibieron la llamada de Borja Casani, director de la revista El Europeo. Había escuchado una maqueta y le había interesado mucho. Aunque jamás habían editado un disco, estaban decididos a financiarlo.

CONTINUARÁ...


[1] Leonard Cohen visitó Granada en 1987 y estuvo en la casa-natal de Lorca. Allí se hizo las fotos del disco I’m your man (1988), donde aparecían su versión del poema Pequeño vals vienés, (de Poeta en Nueva York) y First we take Manhattan, de su autoría, incluidas posteriormente en Omega. Conoció a Morente en Madrid, en 1993, almorzaron y quedaron en que algún día el cantaor haría un disco con versiones flamencas del cantautor canadiense. Desde entonces al verano de 1995, Morente estuvo trabajando en eso.
[2] Muchos años antes de Omega, Enrique se fue a una peluquería de Granada con una foto de Van Morrison y le dijo al peluquero: “Quiero que me pele usted como este señor”.
[3] El californiano Jeff Buckley incluyó esta versión de Hallelujah en Grace (1994), su primer y único álbum de estudio. Murió tres años después.
[4] Rafael Bermúdez había sido ayudante del director de fotografía de Stanley Kubrick en Barry Lyndon (1975).
[5] Después de esto, Morente ha sido el flamenco que más partido ha sacado a los plugins de Protools.  
[6] Optaron por los Estudios Bernardi, de Armilla.
[7] Eduardo Rodriguez Valdivieso (1913-1997) fue director de banco en Barcelona y actor. Conoció a Lorca en un baile de disfraces en el Alhambra Palace. En una de las cartas mencionadas -que no conocía ni su mujer-, Lorca se quejaba de que Antonio Gallego-Burín (rector de la Universidad de Granada y responsable del servicio de publicaciones) estaba retrasando deliberadamente la edición del Divan del Tamarit. Gallego-Burín, que en 1940 sería alcalde de Granada, había pedido a Federico un poemario en 1933, enviándole lo último que estaba escribiendo tras su experiencia neoyorkina y cubana. No debió gustarle mucho, porque empezó a dar largas a Federico. Lorca pidió a Eduardo (de 17 años) que fuese al Rectorado de la Universidad de Granada y que pidiese a Gallego-Burín el manuscrito de la obra y que lo reenviase a Madrid, donde Lorca ya tenía editores. El rector espetó: “¡Pues aquí está el librillo...! Y díle a ese poetilla que no me mande nunca más poemas sobre maricones, que es lo que él es. Y se lo dices así, tal y como te lo digo yo a tí ahora mismo...”.
[8] En una entrevista para la revista cordobesa Boronia, Morente habla de que la primera interesada fue EMI. Boronia, verano/otoño, 2010. Pág. 18.
[9] Según Jesús Arias: “Morente jamás había sufrido las reticencias de ninguna compañía discográfica a emprender una nueva aventura. Ni con “Sacromonte”, ni cuando hizo “Misa flamenca”, ni para “Alegro Soleá-Fantasía del Cante Jondo”. Tampoco nadie le había puesto pegas a otro experimento-aventura de Morente: “Negra, si tú supieras”, un disco en el que trataba de mezclar cantes flamencos con poetas sudamericanos del siglo XX y música cubana y sudamericana”

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