sábado, 20 de septiembre de 2014

MORENO GALVÁN, PRODUCTOR DE DISCOS DE CANTE (I)

Debió ser en el preciso momento en que asumió que sus cualidades vocales no eran las más óptimas para dedicarse al cante, que Francisco Moreno Galván se convirtió -sin ser consciente de ello- en productor de discos. A principio de los sesenta le hablaron de un muchacho cantaor que había en su pueblo al que terminó apadrinando en todos los aspectos. A cambio, el chiquillo tenía que poner voz al arsenal sonoro que Francisco custodiaba en sus entrañas. No exageran los que cuentan que el propio Mairena reconocía abiertamente la cultura que el pintor tenía sobre los cantes. Así que a José Menese le tocó el gordo de la lotería el famoso día de la moto de Chumy Chúmez. Con todo, hay que reconocerle al cantaor que fuese quien animó a Francisco a ser poeta, incitándolo a escribir las letras que después darían sentido a su cante y lo harían diferente. Fue entonces que su estudio de pintura en Madrid se convirtió en una genuina escuela de modos jondos. Allí, asistido por un magnetofón Grundig que regaló a Menese, instruyó al propio José, a Diego Clavel y a Miguel Vargas en cuantas músicas hicieron Pastora, Tomás, Manuel Torre, Chacón, Mairena o el dios Mojama[1], entre otros muchos. Todo, con la disciplina militar que solía aplicar al asunto.


Moreno Galván y José Menese, de mi artículo en Sevilla Flamenca nº 115

Poco a poco fue reuniendo los cantes que compondrían el primer EP que la RCA editó a Menese, gracias a la ayuda ejecutiva de Daniel Zarza. En total fueron 22 las producciones que Francisco dirigió hasta 1986, en las que siempre tuvo la última palabra en cuanto a lo que estaba bien hecho y lo que no. Era quien mandaba repetir una toma si algo no había salido como su amuebladísima cabeza había soñado con anterioridad, conforme a un refinadísimo gusto estético. Sin tener la más mínima idea sobre aparatos grabadores estaba llevando a cabo la tarea de producir discos; estaba organizando el trabajo de técnicos, asistentes, ejecutivos, artistas… Tampoco sé si llegó a darse cuenta cabal de la importancia de su labor, o si supo alguna vez que los productores discográficos recibían habitualmente un pequeño pero interesante tanto por ciento de royalties.

Hace unos años supimos[2] que fueron Fred William Gaisberg (1873-1951)[3] y William Sinkler Darby (1878-1950), los primeros “productores-técnicos” que grabaron flamenco hacia 1897. Ambos dominaban la física del sonido y viajaban por el mundo con equipos portátiles para registrar todo tipo de música autóctona; pero no tenían el conocimiento adecuado de los cantes, de su extensión o de la estructura proporcionada de estos. Por tanto, sólo exigían al intérprete que cantase lo más granado de su repertorio sin excederse de los escasos dos minutos y medio que tenía de extensión el soporte grabable. Son, pues, los primeros productores de flamenco de los que tenemos noticias. 

Gaisberg y Darby en 1898

Pero con el éxito de los cafés cantantes y la ópera flamenca, los guitarristas más reputados fueron desbancando a estos técnicos al asumir la organización de los elencos artísticos. Estos tenían un conocimiento mucho más fiel y profundo tanto del género como del nivel que poseían los cantaores; así las incipientes discográficas empezaron a contar con ellos a la hora de elegir nuevos talentos a los que poner en el mercado. Poco a poco -además de convertirse en auténticos mandones del tejido empresarial- fueron asimilando un papel de verdadera importancia en la industria del disco, hasta asumir la tarea de productores artísticos de esas grabaciones[4]. Los casos más conocidos son los de Juan Gandulla “Habichuela”, Miguel Borrull hijo y Manolo de Badajoz, en Odeón; de Ramón Montoya en Zonophone, Gramophone, Polydor, Gramófono y Columbia; de Niño Ricardo en Regal o de Paco Aguilera en Columbia. Con Perico el del Lunar, que dirigió artísticamente la Antología de Hispavox en 1954 para la francesa Ducretet-Thomson, comenzó otra etapa que continuaron más “productores-guitarristas” como Félix de Utrera, el importantísimo Antonio Sánchez Pecino, su hijo Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Enrique de Melchor, Paco Cepero… y más recientemente Vicente Amigo, Juan Carmona hijo, Juan Carlos Romero, Gerardo Núñez, Bolita… Estos últimos de manera totalmente independiente, sin contrato con sello discográfico alguno.

Tras la contienda española, la figura del “letrista-libretista” se hizo imprescindible para renovar cada temporada el repertorio de los principales artistas que, lógicamente, registraban discográficamente algunos de sus éxitos teatrales y cinematográficos. Así comenzó la victoria en la batalla que había iniciado Demófilo contra el preponderante anonimato del corpus lírico del flamenco. Y así surgió la figura del “productor-letrista” en los nombres de los flamenquísimos Hermenegildo Montes Rayo, Nicolás Callejón, Benito Ulecia, Emilio Mezquita, Sánchez Prieto… y de los copleros Genaro Monreal, Juan Solano, Juan Mostazo, Ramón Perelló, García del Val, Salvador Valverde... En un período posterior, marcado profundamente por el estigma libertario y aperturista de finales de los sesenta, es donde podríamos encuadrar la figura de Francisco Moreno Galván junto a otros poetas quizá inferiores, al menos en originalidad y valentía. Son los casos, más o menos afortunados, de Juan Cruz Rueda, Antonio Murciano, Ramón Rodó, José Carrasco Domínguez, Emilio Jiménez Díaz, Blas Vega o Ríos Ruiz. Cuando esta fórmula creativa se convirtió en repetitiva y atemporal, ciertos lumbreras echaron mano del universo de Lorca, Miguel Hernández, San Juan de la Cruz y Juan Ramón Jiménez, totalmente agotado hoy día[5].

 1971 - Moreno Galván habla de su forma de escribir en Rito y Geografía del Cante

A finales de los sesenta también surgió la figura del “productor-cantaor” con los casos de Mairena, Fosforito, Valderrama y posteriormente Pepe de Lucía, Morente o Lebrijano, que dirigieron la mayoría de sus discos. En los ochenta/noventa apareció el “productor-estudioso” con Manuel Cerrejón, Manuel Bohórquez o el actual Antonio Barberán, con intenciones educativas o demostrativas. Hasta artistas de otros géneros se acercaron al flamenco a probar suerte en este terreno, rizando el rizo eso sí, con resultados tan catetos como deprimentes[6]. Fueron los casos de Paco Ortega y Alejandro Sanz con Niña Pastori y María Vargas; de Queco con El Pele, Remedios Amaya o La Susi y, actualmente, de Fernando Trueba con El Cigala, o de Isidro Muñoz con José Mercé o Arcángel. En este sentido, antes del fallecimiento de Camarón, se habló incluso de Quincy Jones como futuro productor del de la Isla[7].

Continuará...   


[1] Francisco tenía a Juanito Mojama como referencia destacada. 
[2] El especialista Antonio Hita Maldonado publicó en 2002 “El Flamenco en la discografía antigua”, un trabajo magnífico e imprescindible, que editó la Universidad de Sevilla. Sabemos que el mismo autor está terminando una nueva obra que viene a completar la anterior, y que nos descubrirá nuevos datos técnicos sobre las grabaciones de flamenco del primer tercio del siglo XX. Sin duda, urge su publicación.    
[3] Gaisberg fue ingeniero de sonido de los sellos Columbia y Berliner en el principio de las grabaciones de cilindros y pizarras. 
[4] Estos guitarristas-productores, además de recomendar a los artistas, elegían el repertorio, tocaban en la grabación y eran intermediarios-negociadores entre cantaor y discográfica.  
[5] Habría que dejar al márgen a Enrique Morente, que fue quien mejor y con más gusto ha tratado este tipo de textos.
[6] En un generoso hueco están “los productores que nada producen” que son paradigma de la obviedad y que, sin pulsar un botón, tocar un instrumento, escribir una letra o dar una opinión sobre la ejecución de un cante, “se lo están llevando calentito” porque su firma en una carátula revaloriza inexplicablemente el valor de un disco. Obviemos sus nombres, pues están perennemente de moda en los medios de comunicación y en las mentes de todos. 
[7] En los últimos años de Camarón, los habituales gaznápiros que rodeaban al cantaor advirtieron un último filón de oro en el lanzamiento internacional de José, para lo que propusieron a Quincy Jones como productor ideal; causa a la que el americano no hizo ascos en principio. Mi pregunta es ¿qué hubiese aportado el productor del “Thriller” de Michael Jackson al cante de Camarón?. Mi respuesta es: puro marketing.

8 comentarios:

  1. Dice usted que

    ""Tras la contienda española, la figura del “letrista-libretista” se hizo imprescindible para renovar cada temporada el repertorio de los principales artistas (...). Y así surgió la figura del “productor-letrista” en los nombres de los flamenquísimos Hermenegildo Montes Rayo, Nicolás Callejón, Benito Ulecia, Emilio Mezquita, Sánchez Prieto…""

    Habría que revisar uno por uno, pero Hermegildo Montes Rayo ya venía ejerciendo esa labor desde 1930 aproximadamente. También hay que señalar que la labor literaria de Sánchez Prieto, "el Pastor Poeta" es de finales de los años veinte.

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    1. Lógicamente, Montes Rayo no empezó a escribir de un día para otro. Sánchez Prieto está en mi escrito desde el primer momento. Se le habrá pasado a usted.

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    2. Sánchez Prieto, también conocido como "El Pastor Poeta", publicó su obra literaria en los años veinte, así que nada de nada con que después de la contienda se dedicara a la labor de "productor letrista" como usted afirma. Es más, los textos suyos usados por cantaores como Valderrama o Marchena fueron adaptaciones hechas por los propios cantaores. La prueba más clara es el famosísimo "Canto a Córdoba" de Pepe Marchena, extraído de una obra teatral de Sánchez Prieto en cuya mente jamás estuvo lo que luego hizo el marchenero. Así que, señor López, a mí no se me ha pasado nada.

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    3. Señor Raya, lea más despacio. Más despacio. Más despacio. Más despacio. Más despacio. Más despacio... Yo escribo "Tras la contienda española, la figura del “letrista-libretista” se hizo imprescindible para renovar cada temporada el repertorio de los principales artistas que, lógicamente, registraban discográficamente algunos de sus éxitos teatrales y cinematográficos. Así comenzó la victoria en la batalla que había iniciado Demófilo contra el preponderante anonimato del corpus lírico del flamenco. Y así surgió la figura del “productor-letrista” en los nombres de los flamenquísimos Hermenegildo Montes Rayo, Nicolás Callejón, Benito Ulecia, Emilio Mezquita, Sánchez Prieto… y de los copleros Genaro Monreal, Juan Solano, Juan Mostazo, Ramón Perelló, García del Val, Salvador Valverde..." En ningún momento escribo que Sánchez Prieto no huebiese hecho nada antes de la contienda. Sólo digo, bajo mi punto de vista general, que a partir de ese momento ese tipo de escritores se hace imprescindible. ¿Qué antes tambien existían? SEGURISIMO!!! Pero no me malinterprete!!!!

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  2. Dice el autor de este blog:

    ""Cuando esta fórmula creativa se convirtió en repetitiva y atemporal, ciertos lumbreras echaron mano del universo de Lorca, Miguel Hernández, San Juan de la Cruz y Juan Ramón Jiménez, totalmente agotado hoy día.""

    El primero en usar textos de tan insignes poetas fue el cantaor granadino Enrique Morente. No lo hizo porque percibiera que otros tipos de fórmulas quedasen obsoletas. No lo hizo como un gesto de "lumbrera". Ni mucho menos este filón de usar, en flamenco, textos de poetas reconocidos está agotado sino más bien lo está en sus inicios. ¿Acaso San Juan de la Cruz, Juan Ramón, etcétera, no escribieron con "soníos negros", carecían de eso que muchos llaman "duende"?

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    1. Acabo de incluir una nota al pie especificando esta cuestión. Nada más por mi parte.

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    2. Vale, usted excluye de su crítica al amigo Morente. ¿A quién se refiere entonces? Las acusaciones indefinidas y nada es lo mismo. Concrete, por favor.

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    3. Al margen los casos excelsos de Enrique Morente o de Mario Maya (en el caso del baile), muchos artistas se han subido al carro de Lorca con más o menos fortuna... o con mayor o menor oportunismo, que es lo que a mi me desencanta de todo esto. Por eso el uso del término "lumbreras" en mi texto. Usted sabe mejor que yo a los muchísimos artistas a que me refiero, porque me duplica la edad y ha visto nacer esta tendencia. Tiene más perspectiva histórica que yo. ¿Los nombramos a todos? Un poco coñazo ¿no?. No obstante, y para que se quede usted tranquilo y no se me infarte, le voy a decir uno. El más comprometido: ¿recuerda "La leyenda del tiempo" de Camarón?. ¿A usted le gusta? A mi me aburre mucho. Cada vez más. ¿Responsable? Ricardo Pachón. Ahí tiene un nombre. Sinceramente prefiero el "Omega" de su amiguísimo Morente, trabajo sobre el que he publicado tres entradas en este mismo blog. Señor Raya... sobre la figura de Lorca han trabajado desde Manzanita a Pata Negra. Cada año sale un espectáculo nuevo sobre el granadino ¿los enumero todos? Y sobre el resto de poetas nombrados -aunque en menor medida-, igual. Siempre lo mismo... y casi siempre huérfanos de criterio. Cuando no es uno de estos poetas... es otro, y casi todos con el oportunismo por delante. ¿Fórmula agotada? COMPLETAMENTE. ¿Y sabe por qué? Porque para sacar partido a esos textos se necesitan buenos adaptadores, quizá el apartado más complejo de todos los abarcados por la producción artística de flamenco. Y no los hay. Usted ha sido editor y lo sabe. Como también sabe que se necesitan letristas que plasmen el hoy que vivimos. Espero que le sirva mi respuesta

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