viernes, 12 de septiembre de 2014

LO QUE LA BIENAL EXIGE

Cualquier comentario de una noticia de la Bienal de Sevilla pone al rojo vivo las redes sociales en estos días y no me extraña. La causa general es que, edición tras edición, el aficionado de peña y disco de pizarra no entiende cómo se programa este ciclo, motivo por el que poco a poco ha dado la espalda a este evento. Por otro lado, algunos críticos de flamenco han entrado hasta la cocina de la organización desde los inicios de este certamen en 1980, pero de casi nada ha servido. Al final, lo que sigue contando para el Ayuntamiento de Sevilla es el rendimiento económico que aporta el turismo flamenco a la ciudad; las criticas quedan en el olvido de la masa en cuestión de días. Casi recién incorporado a Sevilla Flamenca me tocó entrevistar a Domingo González y un tiempo después a Rosalía Gómez. Tanto en una como en otra entrevista, los protagonistas aportaron algunos datos que considero claves para entender “lo que exige la Bienal” para que un artista forme parte de su programación.   

De la entrevista a Domingo González[1] he entresacado lo siguiente:

¿Están todos los que son y son todos los que están?
La Bienal ha cumplido tanto con la labor de innovar como con la de preservar. Si miras el programa de esta edición, hay artistas que vienen de la tradición o de la estética más de raíz y, sin embargo, tienen sitio en la Bienal. Curiosamente, a lo único que se le da relevancia es al que no está; o al que está y no es tradicional. No se analiza la nómina de artistas que tienen más de cincuenta años y que están en la Bienal. Otra cosa es que no estén los que tú quieres y entonces no te parezca bien. Cada uno tilda lo que falta desde su perspectiva. Hay mucho de espacios comunes y de críticas estereotipadas: como en algún momento la Bienal abanderó la vanguardia, la crítica que se generó es que faltaba lo tradicional. Y eso se ha ido quedando. Pero yo recuerdo haber visto actuar a muchos artistas por última vez, precisamente, en la Bienal.

A la hora de preparar un ciclo de esta envergadura ¿prefiere un eje temático y vertebrador que sea leitmotiv de la muestra; o un sistema que diversifique y proponga distintas variantes al público?
Creo que no es contradictorio, pero uno no programa rellenado cuadritos. Eso es muy fácil. Ves ochenta ofertas y tienes cincuenta días, eliges las más baratas, las más populares, las que más te gustan… y vas rellenado. No tendría mucho trabajo, pero para eso no hace uno la Bienal. Tiene que haber un discurso y, en esta edición es el leitmotiv "Flamenco de viva voz", que tiene que ver con dos cosas: la importancia de la voz en la música flamenca; y la trasmisión de emociones y sentimientos del artista al espectador y viceversa. La importancia de la vivencia, sin entrar en conceptos más ambiguos como el duende o la magia. Pero la programación de Bienal debe ser representativa. No puede excluir tendencias ni estilos porque estaríamos haciendo un pan con unas tortas. También debe responder a todos los públicos del flamenco, porque no tenemos sólo un público. Están los muy jóvenes y curiosos, los aficionados con mucho conocimiento, el friki que ahorra 5.000 euros para poder ver de cerca a "Fulanito Pérez" en la Bienal, el que llega al flamenco a través de la danza, el de la música clásica, el de las cosas de raíz, el de vanguardia…

¿No cree que sería más interesante retomar en mejores condiciones la vieja fórmula por la que la propia Bienal era ideóloga y productora de los espectáculos que programaba?
Eso no es viable ni responde a la realidad de la producción flamenca de hoy. Hace 24 años, se encargaban los espectáculos porque, quitando las grandes compañías de baile herederas de la época de Pilar López o Antonio Gades -que eran dos o tres-, no había producción de espectáculos. Tampoco había mercado, ni distribución. No había festivales que duraran más de un día y los flamencos no entraban en las programaciones estables, con lo cual una compañía no era rentable. Entonces se generó esa tendencia porque era una demanda. Y se hizo estupendamente. Hoy día no tendría sentido porque hay un mercado de espectáculos flamencos que no necesita de ese motor obligatoriamente. Hasta que, hace catorce años, nace el festival de Jerez con un criterio similar al de Bienal, estábamos solos a la hora de programar ese tipo de espectáculos o propiciarlos para el  sector. Quince años después, Isabel Bayón, Javier Barón o Manuel de Paula no necesitan que nadie les haga un encargo para hacer su espectáculo, porque saben que tienen mercado y trabajo. 


Foto: Juan Flores

Entonces, ¿construye la programación de la Bienal con los espectáculos que llegan a su oficina?
Hay de todo. Cosas que te llegan y te interesan, y cosas que tú provocas o encargas. Ese otro mito que se generó, desde la época de Manuel Herrera, por el que se decía que esto era una oficina burocrática de distribución de los paquetes que iban llegando, sirvió a quienes quisieron criticar a quien dirigía la Bienal entonces. Nació desde un sector de la crítica muy concreto, con nombre y apellidos que no vamos a decir hoy. Esa crítica se le hizo a Manuel Herrera, cuando en realidad lo él que quiso es hacer trasparentes los criterios de selección. Quería que hubiese arbitrariedad, pero también sistematizar el trabajo de los artistas con los intermediarios, en definitiva, porque hoy ya no se puede programar como antes. Tendrías que hacerlo con dos años de antelación. Y esa crítica se ha mantenido.

Debe costar mucho dejar en las manos de algunas mentes excéntricas las producciones que se darán cita en la Bienal. ¿Llevan algún tipo de supervisión para evitar que, como en más de una ocasión ha sucedido, se cuele en la muestra algún que otro bodrio?
El mundo de flamenco es muy amplio, y hay de todo. Vamos a los ensayos, nos mandan videos de lo que van a hacer y hay otra gente con la que, de alguna manera, participamos en el diseño de los contenidos. Otras veces, aunque no decides, sí estas en la cocina de la ficha técnica y artística. Sabes quienes son iluminadores, modistos, coreógrafos, directores de escena… sabes si son conocidos o desconocidos… Claro que hay un seguimiento, aunque no como nos gustaría.

La Bienal viene a potenciar sensacionalmente la ciudad de cara al turismo, que es el sector de público que se hace con la mayor parte de las entradas a través de las tour-operadoras…
Eso no es así. Te digo los datos reales: el 40% del público que está en Bienal es de Sevilla. ¡El 40% de 58.000 entradas! Seguramente haya pocas programaciones culturales a las que vaya tanto la gente de Sevilla como a la Bienal. Del 60% restante, que son gente que no es de Sevilla, el 60% -curiosamente se repiten los porcentajes- es extranjero. Y el 40% que resta es público nacional: de Cádiz, Madrid, Badajoz o Cuenca, normalmente aficionados que tienen un conocimiento previo y han estado antes en Bienal. Son estadísticas externas que elaboran otros.

Mi pregunta estaba enfocada a los peligros que trae el turista que lo aplaude todo porque desconoce, lógicamente, los pormenores de la perfecta factura de un cante, un baile o un toque determinados, dejándose llevar por lo exótico. Pienso que esto terminará por banalizar del todo un género tan formalmente delimitado como el flamenco.
¡Qué va!. Ese es otro mito que yo he aprendido que era erróneo. Hay un porcentaje altísimo de extranjeros que tienen muy claro a lo que vienen, que son aficionados en su lugar de origen, que conocen a los artistas… Una persona que viaja de Connecticut, se gasta 4.000 euros en avión, 500 en hotel y 100 en entradas… es super exigente. No se le da ojana tan fácilmente. Ese mito nace del aficionado que ha visto poco flamenco fuera de su entrono y no tiene conciencia de que hay otro a 6.000 km que tiene el mismo nivel de exigencia. Y las mismas experiencias -las que sean-, tan válidas como las suyas. Te encuentras con gente de Estados Unidos, por ejemplo, que sabe más de los artistas que el 70% del público nacional.

No obstante, muchos sevillanos aficionados al flamenco no asisten a la Bienal. En ciertos casos, ni conocen la programación.
No podemos pretender convocar al 100% de la población cada vez que organizamos algo. Necesitaríamos el Estadio Olímpico cada noche. Pero bueno, hay quien no concibe el flamenco en un escenario; lo que no deja de ser una experiencia personal totalmente respetable, pero no deja de significar un desconocimiento absoluto de la historia del flamenco que, si se caracteriza por algo hasta los años 20 es porque ser un arte escénico. Si el momento culmen del discurso estético del flamenco es la Ópera Flamenca, es porque se desarrolla como arte escénico. Ahí habría mucho que hablar y debatir porque, a partir de los años 30, el régimen franquista establece que la cultura popular es diferente de la cultura oficial. Y establece las diferencias: lo popular sólo es del pueblo; los buenos teatros, para quienes van a la ópera. El flamenco, por tanto, en Andalucía para a ser posible, justificar intelectualmente la explotación de los señoritos. Eso, durante cuarenta años, genera un estereotipo que tiene mucho que ver en esa visión del sufrimiento y del hambre. ¿Qué flamenco pasa hombre hoy en día? Ninguno, afortunadamente. Y es algo de lo que nos tenemos que alegrar. Por lo tanto, esa justificación de que hay que pasar hambre para cantar bien… mire usted, no. Yo prefiero que el chavalito que va tocando las palmas en una boda, tenga su IRPF y declare a Hacienda a que dependa de que un señorito haga una fiesta de tres días. 

 Foto: Juan Flores

Desde varios sectores, se acusa a los programadores públicos de mantener ciertos privilegios con determinados artistas por cercanía política. Se dice que siempre se programa a "los mismos", conocidos -entre artistas, crítica, público y promotores privados- como "artistas del pesebre", "artistas en nómina de la Junta", etc… En la parte que le toca ¿qué tiene que decir, como programador público, en su defensa?
Yo estoy muy tranquilito. De todos modos, esa crítica se lleva escuchando desde hace cien años. Cuando Manuel Torre y la Niña de los Peines, ya se hablaba de esas cosas…

Sí, pero entonces la administración pública no se encargaba del flamenco.
Te digo que eso ya pasaba hace setenta y ochenta años, que tampoco es una cosa nueva. Yo estoy muy tranquilito. Ojalá fuese verdad que en nómina de la administración hubiese más de quinientos artistas como vienen a la Bienal. ¿Tú entiendes que eso pueda ser posible?

Es que siempre se ve a los mismos artistas en los mismos sitios…
¡Pero eso ha pasado toda la vida! Cuando hay artistas que, bien son más inquietos a la hora de crear espectáculos nuevos, bien trabajan la distribución y la intermediación con una oficina más profesional, bien trabajan con un elenco muy potente…;  hay otros que quieren venir con su cuñado de acompañamiento. Son muchos factores lo que confluyen. En el caso de la Bienal, hay muy pocos artistas que repitan de una edición a otra. Si analizas la programación y miras el ciclo "El Flamenco que viene", son nueve artistas que, o es su primera Bienal, o presentan su primer disco, o encabezan por primera vez un espectáculo… Si miras "Clásicos del siglo XXI" te vas a encontrar con gente que monta un espectáculo por primera vez. En fin, yo en ese sentido estoy tranquilísimo porque, si no hay quince o veinte empresas de contratación artística con las que trabajamos… Dudo mucho que haya quince o veinte empresas favorecidas. Ojalá, ya digo, todo el mundo pudiera comer de que los políticos se dieran cuenta de lo importante que es el flamenco, y las instituciones públicas le dieran el tratamiento de sector estratégico que tiene en Andalucía. También es cierto que hay artistas de moda, pero eso lo ha habido siempre. Mira los carteles de los años 40, 50, 60, 70… Y los festivales de un día, ni te cuento. Había artistas que se hacían el 60% de los festivales. ¿Y tú ibas a acusar a las peñas de favorecer a unos artistas frente a otros? No quiero citar a nadie pero Aurora Vargas y Pansequito -que para mi debieran estar en todos los festivales del mundo-, algunos años han hecho más de diez. ¡Merecidos, ojo!. ¿Alguien va a acusarlos por eso? ¡Y no te hablo de la época de Turronero! ¡O de Mairena!.


Y de la entrevista a Rosalía Gómez[2]

Como espectadora o ejerciendo la crítica, ¿qué pensaba que era erróneo en los diferentes modos de programar de sus antecesores?
Es muy fácil criticar desde fuera; desde dentro es distinto. Hay que cuidar muchísimo los espectáculos. Al máximo. Esa es una lucha que vienen llevando las últimas Bienales. Yo fui al Alcázar, a una inauguración con Matilde Coral y El Mimbre, con unas luces espantosas, muchos vacíos… Eso, ya no se concibe. Por muy trianero que sea el Hotel Triana, sus espectáculos deben estar muy cuidados. El sonido ha sido el caballo de batalla. Yo he protestado muchísimo porque en muchas Bienales el sonido ha sido horrible. Te puedes cargar un espectáculo por eso. También hay que intentar que la Bienal no sea un cajón desastre. Entiendo que todo el mundo quiera estar en la Bienal, pero esto no puede convertirse en un "cuanta más gente mejor". 

Foto: Juan Flores

Esta Bienal se va a dedicar de nuevo al baile. ¿Cómo ve el panorama dancístico?, porque se advierte un momento, si no plano, quizás de una sequía creativa. O más bien de una imitación constante de los dos o tres modelos estéticos fijados en la última década. Más los representantes de la línea tradicional...
Estos son caminos muy difíciles. Uno debe estar muy seguro de sí mismo y de su investigación. Hay quienes están arriesgando con conocimiento y merecen un voto de confianza. Aunque también hay mucha confusión. Se ve en los proyectos que me están llegando. Los jóvenes que están buscando su sitio, en lugar de mirar en su interior y ver qué es lo que quieren expresar, están mirando qué vende. No me gustaría hacer una de esas Bienales llenas de estrenos que se quedan para un día. Muchos espectáculos, muy aparatosos, muy grandes, en los que todo el mundo pone un esfuerzo enorme, pero que después se quedan en una sola representación, y no se venden porque no hay ni coherencia, ni emoción. La emoción es muy importante en el flamenco, como en todas las artes escénicas, y si perdemos eso yo no sé a dónde vamos.

En cualquier caso, el baile es la disciplina más rentable para la Bienal.
La danza es un lenguaje universal, porque el cante siempre ha sido más difícil. De todas maneras, un recital de Miguel Poveda, ahora mismo, tiene muchísimo tirón.

Después iría la guitarra y por último el cante.
Paco de Lucía ha abierto mucho camino en todos los espacios y festivales, fuera del flamenco incluso.

¿No cree que el público más localista pueda quejarse de que la organización se haya decantado descaradamente por enfocar la Bienal al turismo? Lo digo porque hace tiempo se abrió una brecha entre el flamenco que se vive en las peñas, festivales de verano o en la propia calle, al que se muestra en los teatros.
La brecha está en la profesionalización. Normalmente, las instituciones contratan a gente profesional. Los aficionados tienen otros circuitos. Pero la diferencia está en el número de espectadores. Si quieres hacer un espectáculo para quinientas personas tienes que entrar en un teatro. Y el teatro tiene unas reglas tan claras, que el que no las cumple se estrella. Por tanto, la vida no puede entrar como tal en el escenario.

En ese sentido, ¿tiene la Bienal la obligación de abrir las puertas a ese tipo de artistas "indómitos", de ofrecerles las herramientas necesarias para alcanzar ese lenguaje teatral, para que puedan salir adelante de manera que la Bienal tampoco se encasille programando a los mismos artistas edición tras edición?
Yo creo que sí. La Bienal siempre ha dedicado un ciclo a los jóvenes que empiezan, o a los artistas emergentes, a los que te recomiendan, a los que han ganado un concurso importante… Pero para eso hay otros espacios. A mí me gustaría utilizar la sala que tenemos en las instalaciones de esta nueva sede para conciertos en acústico, porque ahí es donde se ve el alcance que tiene una voz o un instrumento.

 Foto: Juan Flores

Siempre ha existido una preocupación constante por apoyar a los "jóvenes" y se ha invertido muchísimo dinero en ello. Pero las circunstancias actuales de crisis económica han relegado a los "viejos" a la misma situación de falta de trabajo.
Nunca he creído que la administración tenga que contratar a nadie. He luchado toda mi vida, desde fuera y, si puedo, lo haré desde dentro, porque la administración desarrolle políticas culturales. Tenemos en Andalucía un montón de teatros que están sin funcionar. Pero no creo que para nadie sea fundamental tener una actuación en la Bienal -en la que puede que triunfes, pero en las que la mayoría pasa sin pena ni gloria- una vez cada dos años. ¿Qué alimenta eso?. A no ser que tengas un disco o algo nuevo que aportar. Yo lucharía porque todos los teatros sin programación funcionen como el Lope de Vega. 

Hemos visto en los últimos meses como flamencos de reconocido prestigio se han venido manifestando contra la política de ayudas que la Junta de Andalucía ha venido dispensando a determinados artistas. ¿Se ha malacostumbrado el profesional del flamenco a vivir de la subvención pública?
Es que es muy difícil, por eso un apoyo siempre es necesario. El teatro tiene tres mil años de historia, pero el flamenco no. Hasta la entrada de España en el Mercado Común Europeo, ¿cuánta gente trabajaba en negro?. ¡Y siguen queriendo cobrar en negro!. Ayer mismo me llamó por teléfono el manager de una bailaora importante, ¡qué quería cobrar en negro!. Aquí pagamos impuestos todos y eso no va a ser posible.

¿Viene a revolucionar este ciclo, a darle sólo un cambio de aires o a salir del paso?
Las revoluciones las hacen los creadores. Pero yo vengo a ordenar, a dar un sentido, y a procurar que llegue a todo el mundo un poquito de todo lo que se está haciendo. No creo que sea momento de grandes celebraciones, porque la sociedad tiene pocas cosas que celebrar. Ni de grandes individualidades. Ya te dije que veo más confusión que genialidades. Pero dejo las puertas abiertas para que los creadores revolucionen.

Saquen sus propias conclusiones…


[1] Entrevisté a Domingo González el 24 de agosto de 2010, a pocos días de comenzar su tercera y última Bienal. Esta entrevista se publicó en el número 113 de Sevilla Flamenca, que puede leerse íntegra en http://issuu.com/agendaatalaya_campi_a_sierra_sur/docs/sevilla-flamenca_issuu_113

[2] La Entrevista a Rosalía Gomez se hizo el 11 de diciembre de 2011, poco tiempo después de ser nombrada directora para la Bienal de 2012. La entrevista completa puede leerse en http://issuu.com/agendaatalaya_campi_a_sierra_sur/docs/sevilla-flamenca-116-issuu/44

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